4 imprescindibles para bañarnos en una piscina natural 🌊 Instantes de Tiempo
Con la llegada del calor sofocante, hay pocas sensaciones tan gratificantes como la de sumergirse en aguas frescas en mitad de la naturaleza. ¿Y si os digo que es posible huir de las masificaciones de la playa haciendo una excursión a una piscina natural? Si buscáis bien, seguro que cerca de donde os encontráis hay algún lago, poza o cascada escondida donde refrescaros y desconectar del ruido del mundo.
Hace un tiempo hicimos una escapada preciosa al Gorg de Merea (una pequeña joya fluvial). Hoy os comparto los 4 elementos imprescindibles que me llevé en la mochila, lo que realmente nos fue útil a Albert y a mí, y un par de lecciones que aprendimos a base de resbalones. ¡Preparad la mochila!
👙 1. El bañador (o las ganas de libertad)
Por supuesto, si la idea es darnos un chapuzón, el bañador es el rey de la mochila. Podéis llevarlo puesto desde casa para ahorrar espacio o, si lo preferís, cambiaros al llegar al río buscando la discreción de los árboles.
Eso sí, en entornos tan puros y apartados como las piscinas naturales, siempre existe una tercera opción maravillosa: el baño al desnudo. Sentir el agua fresca directamente en la piel en un entorno silvestre es una experiencia de libertad increíble. Como suelo decir: para gustos, colores; lo importante es estar cómodos y disfrutar del instante.
| Sentir el agua fresca directamente en la piel es una experiencia de libertad increíble |
🥾 2. El calzado: La importancia de pisar firme
Este es, sin duda, el punto donde más solemos fallar. Para una excursión de este tipo vais a necesitar dos tipos de calzado bien diferenciados:
Para el camino: Unas buenas botas de montaña o zapatillas de trekking para afrontar la bajada hasta el río (y la posterior subida de regreso al coche). Caminar por senderos de tierra con calzado plano es una apuesta segura para un resbalón.
Para el agua: Una vez en la piscina natural, toca proteger los pies. Ir descalzo no suele ser una opción agradable porque el lecho del río está lleno de piedras que pinchan y algas que resbalan.
Mi error de novata: En su día me llevé las típicas chanclas de dedo (las que no van atadas). Fue una mala idea: el pie os va a resbalar dentro, os podéis hacer daño en el tobillo y corréis el riesgo de que la corriente se las lleve río abajo. Las zapatillas de deporte viejas tampoco son la solución, porque una vez empapadas pesan muchísimo.
¿La solución ideal? Unas buenas cangrejeras o escarpines atados (calzado acuático). Se agarran al pie, protegen de las rocas y os permiten nadar y caminar por el agua con total seguridad.
| Con Pirata, Cake y Gisca aprendimos que la naturaleza nos regala los mejores momentos del verano |
☀️ 3. Protector solar (y ropa como aliada)
El peligro del agua dulce de montaña es que, al estar tan fresca, la sensación térmica nos hace olvidar que el sol sigue quemando con fuerza. Nos relajamos en el agua y el desastre llega cuando volvemos a casa y nos miramos al espejo.
Para proteger la piel sin dañar el ecosistema, mi recomendación es utilizar un protector solar biodegradable o Reef Friendly, ya que los químicos de las cremas convencionales se quedan flotando en el agua estancada de las pozas y afectan a los peces y plantas del lugar.
Además, os sugiero bañaros con una gorra puesta para proteger la cara y evitar una insolación. Aquel día en el Gorg de Merea, a mediodía, noté que el sol apretaba demasiado, así que opté por ponerme una camiseta de algodón para bañarme; la ropa sigue siendo una de las mejores barreras físicas contra los rayos UV.
🍎 4. Comida, agua y conciencia ecológica
Bañarse en la montaña despierta un apetito voraz. No olvidéis meter en la mochila algo ligero para reponer fuerzas (la fruta fresca como el melón, la sandía o las cerezas son opciones fantásticas y muy hidratantes para el verano).
Tampoco escatiméis en agua potable. Aunque estemos rodeados de un agua cristalina y preciosa, no es apta para el consumo humano directo, por lo que llevar vuestra propia botella reutilizable bien fría os salvará el día.
Por último, pero no menos importante: meted siempre una bolsa de basura vacía. Las piscinas naturales son ecosistemas vivos muy frágiles. No os dejéis nada vuestro allí; al contrario, si veis algún plástico que alguien haya olvidado, os invito a recogerlo. Dejar el lugar un poco mejor de como lo encontramos es el mejor agradecimiento que podemos darle a la naturaleza.
Al final, más allá de los escarpines o el protector solar, lo único que se necesita para pasar un día inolvidable en un paraje así son ganas de conectar con la calma y pasárselo bien. En nuestra excursión con Pirata, Cake y Gisca aprendimos que la naturaleza nos regala los mejores momentos del verano si sabemos respetarla.
Y vosotros, ¿qué rincón tenéis fichado para refrescaros este año? ¿Qué objeto es el que jamás os puede faltar en la mochila cuando vais a un río o cascada? ¡Dejadme vuestras recomendaciones en los comentarios y compartamos instantes frescos!
Adriana


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