Lo que sí me gustó de estudiar Turismo 🎓 Instantes de Tiempo
En mi último artículo me abrí en canal para contaros la cara más amarga y precarizada del sector turístico al salir de la facultad. Sé que os pinté un panorama un tanto gris, pero como os prometí cambiar de perspectiva, hoy quiero darle la vuelta a la moneda. Porque a pesar de los pesares, de las ofertas de trabajo abusivas y del desencanto con el sistema, la realidad es que volvería a estudiar el Grado en Turismo sin dudarlo.
La carrera me dio herramientas increíbles, me obligó a salir de mi zona de confort y me conectó con personas que hoy en día forman parte de mi vida. Si estás valorando qué estudiar o si te planteas si este sector es para ti, quédate. Lejos de los mitos, hoy te cuento por qué esta formación puede ser una de las decisiones más estimulantes, creativas y transformadoras para tu futuro profesional.
🌍 Una carrera que se estudia pisando el terreno
Si algo recuerdo con nitidez de mi primer día de clase en la universidad fue la ronda de presentaciones. Cuando los profesores nos preguntaron por qué habíamos elegido Turismo, el veredicto de la clase fue prácticamente unánime: nos apasiona viajar.
Lo maravilloso de este grado es que no se limita a empollar apuntes de memoria entre cuatro paredes; es una disciplina que te exige comprender el mundo sobre el terreno. Tuve la suerte de tener profesores que renegaban de las clases magistrales y preferían llevarnos a conferencias, ferias y jornadas técnicas por toda la geografía. Recuerdo con especial cariño un ciclo de congresos sobre turismo rural en el que compartimos espacio y ponencias con profesionales llegados de Austria, Francia o Italia. Aprendías macroeconomía y gestión del territorio escuchando casos de éxito reales europeos.
Además, esa inercia del viaje traspasaba las aulas. Raro era el trabajo en grupo que no consistiera en diseñar una ruta o planificar un producto turístico complejo, lo que significaba que en cuanto entregábamos los exámenes, la propia inercia nos empujaba a hacer una escapada exprés para desconectar. Y al graduarse, las alas se abren del todo: el abanico te permite optar a proyectos tan brutales como el de mi compañera Anna, que ha combinado el plano profesional dando prácticamente la vuelta al mundo trabajando a bordo de cruceros.
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| El abanico te permite optar a proyectos tan brutales como el de mi compañera Anna |
🎨 El aula como laboratorio de creatividad y redes de vida
Otro de los aspectos más enriquecedores de mis años universitarios fue la tremenda multiculturalidad de las clases. Estudiar turismo atrae de forma natural a perfiles de todo el mundo. Compartir pupitre con personas de distintas nacionalidades, culturas y formas de entender la vida te dinamita los prejuicios y eleva los debates académicos a otro nivel. Lo más bonito es que, años después de terminar, sigo conservando algunas de aquellas amistades internacionales; algo que, a medida que cumplo años, valoro el doble por lo complicado que resulta mantener vínculos sanos en la vida adulta.
Esa amalgama de trasfondos era gasolina pura para la creatividad. En la carrera de Turismo conviven asignaturas muy dispares y los profesores nos exprimían al máximo:
El docente de Marketing no quería un examen teórico; quería una campaña publicitaria rompedora y transgresora para un destino en crisis.
El de Dirección Hotelera nos obligaba a competir entre los grupos de clase defendiendo por qué nuestra viabilidad y propuesta de valor era superior a la de los demás.
Las exposiciones finales eran auténticos eventos. Nos vestíamos de gala, utilizando de forma corporativa los colores de la marca que habíamos inventado, e involucrábamos a amigos y familiares para pulir hasta el más mínimo detalle del merchandising o de las presentaciones digitales. Trabajábamos en equipo bajo una presión brutal, pero divertidísima, que sacaba lo mejor de nosotros. (Incluso una Navidad terminamos "secuestrando" de forma amistosa el árbol de decoración de la facultad para una campaña, pero esa es una historia para otro día).
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| Una Navidad terminamos "secuestrando" el árbol de la facultad |
🚀 Convertirse en el motor del cambio de la industria
Una vez terminas la teoría, llegan las prácticas curriculares, que suelen ser el primer gran escaparate y la llave de entrada al mercado laboral. No hay que olvidar que el turismo es uno de los principales motores económicos y fuentes de ingresos del país, y ser parte activa de su evolución es algo profundamente satisfactorio.
Hablo de evolución porque la industria actual no tiene absolutamente nada que ver con las necesidades de hace treinta años, ni se parecerá en nada a lo que demande el mercado dentro de las próximas tres décadas. El sector se encuentra en una metamorfosis constante: la digitalización masiva, la integración de la Inteligencia Artificial en la experiencia de usuario y, sobre todo, la urgencia de diseñar modelos de gestión que respeten la capacidad de carga del territorio exigen profesionales cualificados.
Quienes nos formamos en la universidad tenemos la responsabilidad de dejar atrás el rancio modelo de "sol, playa y masificación a cualquier precio" para liderar una transformación real. Los desafíos post-pandemia demostraron que las dinámicas tradicionales ya no sostienen el territorio; han dejado paso a un ecosistema que premia a quienes saben adaptarse, innovar y aportar una sensibilidad técnica al sector.
Como cualquier otra carrera, el Grado en Turismo tiene sus luces y sus sombras. El mercado laboral puede llegar a ser hostil, tal y como analizamos en los artículos anteriores, pero el bagaje intelectual, la capacidad analítica, el dominio de la gestión de equipos y la visión global que te aporta esta formación no te los quita nadie.
Estudiar turismo es una decisión excelente si tu meta es comprender cómo se mueve el mundo, si tienes un perfil dinámico y si sueñas con liderar la transición hacia destinos mucho más respetuosos y tecnológicos. La clave para no perder el norte tras la graduación radica en tener claros tus objetivos individuales, mantenerte al día con las nuevas tendencias y no dejar nunca de formarte para ser tú quien dicte las reglas del juego y no el mercado quien se aproveche de ti.
Y ahora que conocéis las dos caras de la moneda de mis años universitarios, contadme en los comentarios: si pudierais volver atrás en el tiempo, ¿volveríais a elegir la misma carrera que estudiasteis en su día o cambiaríais de rumbo por completo? ¡Os leo!
Adriana
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