¿Por qué estudiar Turismo me decepcionó? 🎓 Instantes de Tiempo
Terminar una carrera universitaria suele ser un momento de celebración, de mirar al futuro con optimismo y de imaginarte comiéndote el mundo en tu sector. Sin embargo, hay profesiones donde el choque entre la teoría de los apuntes y la crudeza del mercado laboral es un auténtico jarro de agua fría. A mí me pasó. Estudié el Grado en Turismo, una carrera que me apasionó y que me abrió la mente a la gestión del territorio (sobre todo ahora que ya veo los exámenes muy atrás en el tiempo), pero la realidad con la que me topé al salir de la facultad me dejó profundamente decepcionada con el sistema.
(Por cierto, si os interesa que hablemos de la otra cara de la moneda y os apetece saber qué fue lo mejor de aquellos años entre apuntes, dejádmelo en los comentarios y os preparo una segunda parte enfocada en lo que sí me gustó de la carrera).
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La bombilla para escribir este artículo se me encendió hace unos días durante mis clases de inglés. Coincidiendo con la celebración de macrofestivales en Barcelona como el Primavera Sound, la ciudad y sus alrededores se inundaron por completo de visitantes. Al debatir sobre el impacto de este turismo masivo en clase, mi profesora me preguntó directamente mi opinión. Mi respuesta fue clara y dolorosa: "No me preguntes a mí, porque yo estudié turismo y estoy muy desencantada con cómo funciona este sector".
Hoy quiero abrir este melón en Instantes de Tiempo. Lejos de las fotos perfectas de los catálogos de viajes, vamos a desgranar la realidad laboral a la que nos enfrentamos los profesionales del turismo.
🗺️ Un abanico de salidas... con trampa
Es innegable que hablar de turismo es hablar de un sector con muchísimas salidas profesionales. Tengo antiguos compañeros de facultad que terminaron trabajando en restauración de todo tipo, y otros que se adentraron en el mundo hotelero, donde puedes pasar de dirigir un pequeño hotel con encanto rural hasta gestionar operativas en grandes cadenas internacionales. Las posibilidades teóricas son infinitas, pero el día a día es otra historia.
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| El truco consiste en citar al grupo directamente dentro del recinto |
👥 Guías turísticos: Entre la picaresca y la inestabilidad
Una de las salidas más recurrentes es la de guía turístico. El problema con el que nos encontramos mi generación al graduarnos es que las licencias oficiales estaban totalmente cerradas. Esto ha cronificado la aparición de guías sin licencia que se ven obligados a recurrir a la picaresca: como la ley prohíbe hacer visitas guiadas dentro de un monumento histórico si no eres oficial, el truco consiste en citar al grupo directamente dentro del recinto haciéndose pasar por amigos, esquivando así los controles.
Es un ecosistema despiadado. Conocí a una pareja que vivía muy bien trabajando a destajo de autónomos en Barcelona durante la temporada alta, permitiéndose el lujo de vacacionar en temporada baja. La parte buena de trabajar por cuenta propia es que lo que generas es para ti. La cara amarga la vive quien trabaja para agencias: conocí de cerca una empresa que organizaba rutas espectaculares dentro y fuera de la ciudad que, con la llegada de las crisis sanitaria del COVID, quebró de la noche a la mañana dejando a toda su plantilla en la calle.
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| La rechazaron alegando que no tenía suficiente nivel de inglés |
⚓ El sector de los cruceros y las "excusas" de contratación
Otra amiga probó suerte en el sector de los cruceros. Realizó un curso formativo específico bajo la firme promesa de que la contratarían al finalizarlo. Aquí abro un paréntesis: el sector turístico sufre a menudo de una preocupante falta de profesionalización, donde se exige realizar cursos privados de dudosa utilidad para optar a un puesto. Lo indignante de su caso es que, tras pagar y terminar la formación, la rechazaron alegando que no tenía suficiente nivel de inglés. ¿Lo absurdo? Mi amiga había estado viviendo y trabajando una larga temporada en el Reino Unido.
Es esa típica broma pesada del mercado laboral que te deja con una sensación de impotencia tremenda. Ese día en el que te llaman para descartarte de un puesto para el que sabes perfectamente que estás más que cualificada es un día horrible, y estoy segura de que a más de uno de los que estáis leyendo esto os ha tocado vivirlo.
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| Les da exactamente igual lo cualificado que estés o si tienes un grado universitario |
🏛️ Los museos y la subcontratación de "usar y tirar"
Si pensáis que el ámbito de la cultura y los museos se salva de estas dinámicas, lamento deciros que no. Grandes capitales turísticas como Barcelona han normalizado que los museos subcontraten a empresas externas de servicios para gestionar a su personal. En un museo trabaja un engranaje enorme de personas: taquilleros, personal de la tienda de souvenirs, guías, vigilantes de sala, seguridad o limpieza.
A estas empresas externas les da exactamente igual lo cualificado que estés o si tienes un grado universitario; solo buscan cubrir horas y que te aprendas un guión cerrado de memoria para soltárselo al visitante. Los horarios, por supuesto, son terribles. Al concentrarse el volumen de clientes en fines de semana y festivos, lo habitual es trabajar seis días a la semana y librar un lunes. O peor: tener dos días libres partidos e inconexos, como un lunes y un miércoles, destrozando cualquier intento de conciliación.
Lo peor que experimenté en mis propias carnes en este tipo de empleos fue la rotación salvaje de turnos: una semana de mañanas y otra de tardes, con el añadido de que el jefe aparecía a mitad de semana para pedirte cambiar el turno al vuelo. En esa época recuerdo dormir poquísimo y muy mal. Cuando tus horarios son fijos y humanos, puedes permitirte apuntarte a un hobby, pintar acuarelas, ir al gimnasio o acudir a una academia para mejorar un idioma y crecer profesionalmente. Con la inestabilidad horaria del turismo, tu vida personal queda completamente congelada.
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| Donde fui más feliz fue trabajando en las oficinas de turismo |
✈️ Agencias de viajes: Presión comercial y precariedad
Al terminar la carrera, di mis primeros pasos en el mundo de las agencias de viajes. Hay agencias maravillosas especializadas en viajes de lujo, mototurismo o aventura, pero yo caí en una dedicada a organizar viajes de final de curso para institutos. La presión por vender era asfixiante y lo pasé mal porque, sinceramente, mi perfil no es comercial. Yo me formé para gestionar y planificar el territorio, no para ser una comercial agresiva. Los horarios no eran malos, pero el sueldo era una miseria y, para colmo, no todo se reflejaba legalmente en la nómina. Lamentablemente, cobrar una parte en "negro" no es una anécdota aislada en este sector. Y si no cotizas correctamente a la Seguridad Social, el día de mañana el sistema te dejará totalmente desprotegido de cara a la jubilación.
ℹ️ Oficinas de turismo: La decadencia de un modelo
El lugar donde guardo mejores recuerdos y donde fui más feliz fue trabajando en las oficinas de turismo oficiales. Pero estos espacios hoy sufren una crisis de identidad tremenda debido a las dos caras que poseen:
Las oficinas públicas (gubernamentales): Su función principal es informar al viajero. Sin embargo, como hoy en día todos nos informamos antes de viajar a través de blogs especializados (como este rincón de Instantes de Tiempo), están cayendo en un desuso evidente.
Las oficinas privadas: Para resultar rentables, muchas se han reconvertido descaradamente en tiendas de souvenirs hipercomerciales donde lo mismo te venden un billete de autobús que un llavero de plástico, creando un ambiente de trabajo feroz y despiadado entre los propios compañeros para ver quién rasca más comisiones de venta.
A modo de balance de todas estas experiencias que he ido recopilando a lo largo de los años, llego a una conclusión clara. El sector turístico tal y como está planteado actualmente está muy bien si todavía vives con tus padres, no tienes cargas familiares y solo buscas un dinero extra para ahorrar de cara a las vacaciones o comprarte un ordenador nuevo. Pero en el momento en que necesitas un salario digno y estable para pagar un alquiler, independizarte o afrontar la factura del taller cuando se te estropea el coche, la realidad del turismo te golpea de frente.
A pesar de todo el desencanto con la industria, hay una parte del mundo del turismo que me sigue apasionando y de la que no me arrepiento en absoluto: este blog de Instantes de Tiempo. Ver que detrás de la pantalla hay una comunidad real que valora este contenido y leer vuestros mensajes en mis redes sociales me compensa con creces cada hora invertida aquí. ¿Habéis trabajado alguna vez en el sector turístico o habéis sufrido esta precariedad en vuestras propias profesiones?
Adriana
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