Reflexiones en la Fundació Miró: Del turismo de 'postureo' a la necesidad de un modelo sostenible 🎨 Instantes de Tiempo
¿Qué sería de un arranque de año en este blog si no lo inauguramos visitando algún museo? Hace unos días decidí subir a la montaña de Montjuïc para reencontrarme con la colección de la Fundació Miró, un espacio arquitectónico maravilloso inaugurado en 1975 gracias a la complicidad entre el propio Joan Miró y el arquitecto Josep Lluís Sert. Sin embargo, mi visita no estuvo marcada únicamente por el impacto de los lienzos y las esculturas, sino por un fenómeno social que, desafortunadamente, inundaba sus pasillos: el comportamiento de sus visitantes.
Paseando entre las salas, resultó inevitable reflexionar sobre el rumbo que está tomando el viaje en las grandes capitales. ¿Estamos visitando los lugares para aprender de ellos o simplemente para certificar ante una pantalla que hemos estado allí?
🖼️ Cantidad contra calidad: ¿El arte del 'Hamparte' aplicado al viaje?
Para quienes no conozcáis a fondo la figura de Joan Miró, hablamos de uno de los máximos representantes del surrealismo catalán. Es un artista prolífico cuya producción fue inmensa. Sin embargo, su obra siempre ha despertado intensos debates; críticos y divulgadores actuales, como Antonio García Villarán con su famoso concepto del Hamparte, cuestionan a menudo si en ciertas etapas se priorizó la cantidad de producción por encima de la trascendencia de la pieza individual, buscando asegurar un hueco comercial en la Historia del Arte.
Sea como fuere, esa dualidad entre cantidad y calidad es la metáfora perfecta de lo que está ocurriendo con el turismo en Barcelona.
Al observar los pasillos de la Fundació, me impactó ver a decenas de personas más preocupadas por encontrar el ángulo perfecto para su selfie o su vídeo de redes sociales que por detenerse dos minutos a respirar y procesar lo que el autor quería transmitir. El monumento o la obra de arte ya no es el fin del viaje; se ha convertido en un simple fondo estético para alimentar el ecosistema del postureo digital.
💼 El turismo como motor económico: Un negocio que debemos cuidar
No me malinterpretéis: el turismo no es el enemigo. Desde Instantes de Tiempo defendemos el viaje como una de las herramientas culturales más enriquecedoras que existen. Además, a nivel macroeconómico, el turismo es una industria vital: genera miles de puestos de trabajo, impulsa la restauración, financia el mantenimiento de los propios museos y posiciona la marca de nuestro territorio en todo el mundo desde aquel boom de las Olimpiadas del 92.
El problema no es que la gente quiera venir a Barcelona; es fantástico que sigan enamorados de nuestra cultura. El problema real surge cuando las empresas y los propios destinos caen en la tentación de basar el negocio puramente en el volumen. Armamos packs exprés para verlo todo en un fin de semana a precios de saldo, masificando los puntos icónicos y empujando al visitante a consumir la ciudad a contrarreloj. Si acostumbramos al turista a consumir "cantidad" en lugar de "calidad", el resultado es el incivismo y la desconexión con el entorno.
🌱 Turismo sostenible: La única vacuna contra la turismofobia
Hace un tiempo ya analizamos en el blog el preocupante auge de la turismofobia. Es completamente comprensible el malestar del ciudadano local cuando siente que su ciudad se convierte en un parque de atracciones donde es imposible pasear o vivir con tranquilidad. Pero la solución no pasa por cerrar las fronteras al viajero, sino por transformar las reglas del juego hacia un turismo sostenible y consciente.
El turismo sostenible busca un equilibrio real entre el beneficio económico, el respeto al medio ambiente y, sobre todo, el bienestar de la comunidad que hospeda. ¿Cómo podemos fomentarlo, tanto las instituciones como nosotros mismos cuando viajamos?
Practicar el Slow Travel: Cambiar las listas infinitas de "15 cosas que ver corriendo" por itinerarios más pausados. Es mejor visitar un solo museo y disfrutarlo de verdad, que tachar cinco de la lista con un palo selfie en la mano.
Descentralizar la experiencia: Barcelona tiene maravillas ocultas más allá del centro histórico. Promover distritos culturales alternativos o escapadas a la naturaleza de proximidad alivia la presión de los puntos críticos.
Fomentar el comercio local y el civismo: Consumir en pequeños comercios de barrio, respetar los espacios de descanso de los vecinos y entender que un museo es un templo de contemplación, no un estudio fotográfico personal.
Agradezco profundamente a la Fundació Miró la oportunidad de perderme entre sus paredes una vez más. Ojalá que la masificación y el postureo superficial no terminen por desvirtuar la esencia de unos espacios que fueron creados para inspirarnos. Si el modelo actual nos chirría, está en manos de todos (viajeros, creadores de contenido y empresas) empezar a valorar los destinos por la huella cultural que dejan en nosotros, y no por el número de likes que genera la foto.
Ahora os paso la palabra a vosotros: ¿Creéis que las redes sociales han destruido la forma en que disfrutamos de los museos? ¿Qué medidas pensáis que ayudarían a equilibrar la economía del turismo con una convivencia sostenible en nuestras ciudades? ¡Dejadme vuestras reflexiones en los comentarios, que este tema da para un gran debate!
Adriana



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Igual no sabemos apreciar lo que vemos y por eso nos limitamos al postureo palo selfie.
ResponderEliminarAhora bien es lícito que solo vean las obras aquellos que las entienden y por ello creemos un número cerrado de visitantes por dia?
Sinceramente creo que viajar, aunque no seas capaz de apreciar no te deja indemne: aprendes seguro y con ese aprendizaje llega el amor por los lugares recorridos
No veo necesario cerrar solo a los "que saben" si no apostar por el aprendizaje, tanto los propios museos (en este caso) como los visitantes.
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