Lo que nadie te cuenta de Viena 🇦🇹 Instantes de Tiempo
Estas vacaciones de Semana Santa, justo a las puertas de los temidos exámenes parciales, decidí hacer las maletas y plantarme en Viena. Algún que otro amigo se quejó bastante en su momento: "Yo encerrado en la biblioteca estudiando y tú por ahí". Pero ya sabéis, ¡cada uno tiene sus truquitos para organizarse!
Salimos de Barcelona con un tiempo no muy allá y, al llegar a la capital austriaca, nos recibió una señora nevada. Eso sí, la primera impresión fue buenísima: el sistema de transporte público vienés es una auténtica maravilla y todo el mundo es súper educado. Compramos un billete de transporte válido para toda la semana para poder subir y bajar cuando quisiéramos. [Consejo Pro de movilidad] Tuvimos que comprar un billete aparte para volver al aeropuerto el último día y nos pareció una clavada. Mirad bien las opciones de tren urbano (S-Bahn) antes de pagar de más.
🏰 Los Palacios Imperiales y el centro histórico: ¿Vale la pena?
Viena es una ciudad monumental, pero si vais pocos días, os daréis cuenta de que los atractivos principales se concentran rápido. Los tres palacios más importantes y que se llevan todas las fotos son el Belvedere, el Hofburg y el Schönbrunn. Una de mis amigas definió la experiencia de forma perfecta: “Mucho turista concentrado y poco más que ver”.
Además, la ciudad nos pareció bastante cara en general y el servicio en los lugares turísticos a veces deja bastante que desear. Por eso, mi recomendación de oro es callejear por el centro histórico, algo que se puede hacer perfectamente en una tarde.
Como el clima invernal no nos acompañó demasiado, nos refugiamos bastante. En pleno centro os toparéis con la Catedral de San Esteban. A mí, personalmente, me pareció una catedral más de tantas que hay en Europa y no me causó ninguna emoción especial. Lo curioso es que justo al lado había un H&M. Y me diréis: "Pero si en todos los H&M del mundo venden lo mismo...". ¿Estáis seguros? El de Viena merece una mirada aunque solo sea por el contraste arquitectónico del edificio.
🍰 La verdadera joya de Viena: Ruta gastronómica de cafés y tartas
Si por algo destaca Viena, es por su gastronomía. ¡Ahí sí que disfruté al máximo! Tal vez porque hacía mal tiempo, pero nos pasamos los días de taberna en pastelería y tiro porque me toca. Tomad nota de los tres cafés más famosos:
👑 1. Pastelería Demel (Mi favorita absoluta)
Sin duda, la mejor de la ciudad. Era la pastelería favorita de la mismísima Emperatriz Sissí y sigue estando ubicada exactamente en el mismo sitio: justo frente al Palacio Imperial de Hofburg. Encontrar una mesa libre para comer allí dentro es casi una misión imposible de las colas que hay, pero apuntad este truco: tienen otra tienda en el propio aeropuerto donde podéis comprar vuestros dulces antes de volar sin tantas aglomeraciones.
🎹 2. Café Central
Es otra de las cafeterías históricas más grandiosas de Viena, un lugar donde se reunían grandes personajes ilustres de la historia. Hoy en día está totalmente reformado. Aunque la atención nos pareció un poco fría y el café normalito, el ambiente es espectacular porque puedes degustar tu merienda mientras disfrutas de un concierto de piano en directo.
📸 3. Hotel Sacher: ¿Postureo o realidad?
El tercer café que no puede faltar en vuestro carrete de fotos es el del Hotel Sacher. Si os soy sincera, para mí solo vale la pena por el postureo. El trato es bastante seco y, después de haber probado la versión de la Sacher Torte (tarta Sacher) de la Pastelería Demel, cualquier otra os va a sentar como un auténtico ladrillo en el estómago. ¡La de Demel le da mil vueltas!
🌭 Salchichas, cerveza y Mercados de Pascua
Más allá de los pasteles, Viena está inundada de puestos de salchichas callejeros (Würstelstand). Todas están buenísimas y tienen una variedad increíble. Además, la cerveza local es espectacular y no tiene nada que envidiarle a las famosas cervezas alemanas.
Como nuestro viaje coincidió con la Semana Santa, tuvimos la suerte de disfrutar de los Easter Markets (Mercados de Pascua) por todos lados. Esto sí que os lo recomiendo con los ojos cerrados. Todos ellos están llenos de puestos con comida tradicional buenísima, aunque, eso sí, a precios bastante turísticos.
Realmente Viena resultó ser una ciudad cara para nuestro presupuesto. Hasta ir al supermercado a comprar lo básico para el desayuno y la cena picaba un poco. Pero bueno, mirándolo por el lado positivo, la escapada mereció la pena.
La ciudad está llena de tiendas con encanto y objetos de lo más curiosos. Yo misma me enamoré de un rincón donde vendían desde libros antiguos hasta cuadros. Y no quiero estropearos más las sorpresas que esconde la capital austriaca: id, descubridla por vosotros mismos, decid que habéis estado... ¡y rezad para que no os pille una ola de frío!
¿Y vosotros? ¿Habéis probado la auténtica tarta Sacher? ¿Sois del equipo Demel o del equipo Hotel Sacher? ¡Contádmelo en los comentarios! 👇
Adriana



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